El Tratado de Alta Mar, también conocido como Tratado Global sobre los Océanos o Acuerdo BBNJ (Biodiversidad más allá de la Jurisdicción Nacional), entra oficialmente en vigor este sábado 17 de enero, marcando lo que distintos actores califican como “un logro histórico en la protección oceánica” y el inicio de una nueva etapa en la gobernanza de los mares.
Con la ratificación de 82 países, el acuerdo se convierte en ley internacional y establece, por primera vez, un marco jurídico vinculante para la protección de la biodiversidad en aguas internacionales, que representan más del 60 % de los océanos y cerca del 50 % de la superficie del planeta. El tratado apunta, además, a garantizar una distribución más equitativa de los beneficios derivados del uso de los recursos marinos.
“Su entrada en vigor supone un hito para el multilateralismo”, señaló Rena Lee, embajadora de Singapur para el Derecho Internacional y presidenta de las negociaciones que culminaron con la adopción del texto en 2023.
El acuerdo habilita la creación de áreas marinas protegidas en alta mar —donde hasta ahora solo alrededor del 1,2 % contaba con algún grado de protección—, fija obligaciones para el uso sostenible de los recursos, fortalece la cooperación científica y promueve el desarrollo de capacidades y la transferencia de tecnología, especialmente hacia los países en desarrollo. También establece mecanismos para el reparto de beneficios derivados de los recursos genéticos marinos.
Para Rebecca Hubbard, directora de la Alianza por la Alta Mar, el tratado refleja una comprensión creciente del valor estratégico de estas zonas. “Las aguas internacionales están llenas de vida y son esenciales para la salud del planeta”, afirmó.
Entre las obligaciones inmediatas, los Estados parte deberán realizar evaluaciones de impacto ambiental para las actividades planificadas fuera de la jurisdicción nacional —o aquellas que puedan tener efectos significativos en alta mar— y notificar públicamente estos proyectos. Este requisito busca prevenir daños a ecosistemas marinos frágiles y mejorar la transparencia en el uso de los océanos.
El tratado establece, además, que la primera Conferencia de las Partes (COP) deberá celebrarse antes del 17 de enero de 2027, previsiblemente en Nueva York, donde se definirán los órganos de gobernanza y los mecanismos operativos necesarios para su implementación, según indicó Adam McCarthy.
Adoptado en 2023, el Acuerdo BBNJ superó en septiembre de 2025 el umbral mínimo de 60 ratificaciones requerido para su entrada en vigor, que se concretó en enero de 2026. Su puesta en marcha es considerada un punto de inflexión para la conservación y el uso sostenible de los océanos, fundamentales para la regulación climática, la biodiversidad y la seguridad alimentaria global.
El principal desafío a partir de ahora será garantizar una implementación efectiva de sus disposiciones y la creación de las instituciones necesarias para que el tratado se traduzca en una protección real y duradera de los ecosistemas marinos de alta mar.