En la sede de la Liga Marítima Uruguaya se desarrolló este viernes una conferencia dedicada a los proyectos de investigación científica que se vienen realizando en el país, con especial énfasis en el estudio y preservación del patrimonio subacuático. La instancia reunió a investigadores y especialistas que presentaron recientes avances sobre hallazgos de gran valor histórico y natural, en una actividad que reafirmó el compromiso institucional con la promoción del conocimiento marítimo.
El encuentro contó con la participación de Adriana Careaga, Rodrigo Torres, Juan Núñez, Matías Dourteau, Sebastián Tito y Gustavo Villa, quienes compartieron sus experiencias y resultados de campo. Los expositores abordaron tanto los desafíos técnicos que implica la investigación subacuática como las oportunidades que ofrece el trabajo interdisciplinario entre arqueología, biología marina y gestión patrimonial así como comunicación.
La fragata Salvador y restos fósiles
Uno de los momentos centrales de la jornada fue la exposición sobre el hallazgo del naufragio de la fragata española Salvador en las costas de Maldonado, un descubrimiento que aporta nuevas perspectivas sobre las rutas marítimas del período colonial y el intercambio comercial del Atlántico Sur. La descripción detallada del sitio, junto con el proceso de identificación de los restos, permitió dimensionar la magnitud del trabajo científico realizado, que combina tecnologías de detección avanzada con un riguroso análisis histórico.
Asimismo, se presentó una investigación sobre restos fósiles hallados en una playa fernandina, los cuales ofrecen valiosa información acerca de la evolución ambiental y biológica de la región costera. Este tipo de hallazgos —señalaron los especialistas— no solo contribuyen al conocimiento científico, sino que también refuerzan la importancia de conservar y proteger el patrimonio natural y cultural asociado al mar.
Los oradores coincidieron en destacar el rol articulador de la Liga Marítima Uruguaya como ámbito de encuentro entre el mundo académico, las instituciones públicas y la sociedad civil. En ese sentido, subrayaron que la divulgación de los resultados de investigación ante un público amplio favorece la conciencia sobre la relevancia del patrimonio subacuático, todavía poco conocido por la ciudadanía.
Durante el cierre, se resaltó que el trabajo conjunto de los equipos de investigación refleja una visión moderna de la ciencia marítima, que integra la historia, la tecnología y la conservación. En palabras de los expositores, la recuperación y estudio de los vestigios del pasado no es solo una tarea de arqueólogos o biólogos, sino una responsabilidad compartida que contribuye a fortalecer la identidad nacional vinculada al mar.
La jornada de este viernes confirmó el papel de la Liga Marítima Uruguaya como espacio de referencia en la promoción de iniciativas científicas y culturales vinculadas al ámbito marítimo. Con actividades como esta, la institución continúa consolidando su aporte al desarrollo del conocimiento y al reconocimiento del mar como parte esencial del patrimonio del país.
Comunicar el mar: la lección de Uruguay Sub 200
Por su parte, el comunicador y periodista Gustavo Villa expuso sobre la expedición Uruguay Sub 200, la relevancia de acercar la ciencia marina al público, destacando la experiencia de comunicación que acompañó la reciente campaña oceanográfica a bordo del buque Falkor (Too) del Schmidt Ocean Institute.
Licenciado en Comunicación Social y director de la agencia Acción, especializada en ciencia y salud, Villa fue responsable de la estrategia de difusión de la expedición científica uruguaya. En su presentación, relató cómo desde el inicio se decidió integrar la comunicación al equipo de trabajo, un hecho inusual en campañas científicas, donde tradicionalmente los comunicadores se incorporan recién al final del proceso. “Fue un acierto. Desde mucho antes de zarpar se pensó en cómo contarle a la gente lo que íbamos a hacer, y eso generó una conexión inédita”, subrayó.
Uruguay Sub 200 permitió documentar, por primera vez, ecosistemas del talud continental uruguayo, a profundidades superiores a los 200 metros. Las transmisiones en vivo, las imágenes submarinas captadas por el robot ROV Sebastian y los reportes diarios a través de redes sociales despertaron un interés masivo. “La ciencia se convirtió en buena noticia”, señaló Villa. “No era una emergencia sanitaria ni un desastre ambiental; era conocimiento, belleza, descubrimiento, y la gente respondió con entusiasmo”.
El comunicador remarcó que más de 500 publicaciones en medios nacionales e internacionales y millones de visualizaciones en plataformas digitales evidenciaron que el público “no está de espaldas al mar”, como suele decirse. “Lo que falta es mostrarle el mar. Cuando se lo mostramos, la gente se maravilló, se emocionó y quiso saber más. Lo que no se conoce no se protege, y comunicar es el primer paso para cuidar”.
Villa evocó también el impacto emocional de los hallazgos, especialmente el momento en que el equipo identificó los restos del destructor ROU «Uruguay» (DE-1), que había sido hundido por la Armada Nacional en 1995 y cuya ubicación exacta se desconocía.. “Fue una experiencia profundamente humana. No hay ciencia sin emoción”, afirmó, citando al propio jefe de la expedición, el investigador Álvaro Carranza. “En ese instante, quienes estaban en el barco y quienes seguíamos desde tierra sentimos lo mismo: orgullo, respeto y pertenencia”.
El expositor destacó que la incorporación temprana de la comunicación permitió que la misión alcanzara una visibilidad inédita para una iniciativa científica uruguaya. “Hubo planificación, estrategia y compromiso. No se trató solo de difundir resultados, sino de acompañar el proceso, de narrar en tiempo real una aventura colectiva”.
Durante su intervención, reflexionó además sobre el papel de los medios de comunicación y la necesidad de contar con más espacios dedicados a la divulgación científica. “En Uruguay hay periodistas especializados en deporte o en policiales, pero casi ninguno en ciencia. No es falta de interés, es falta de oportunidad”, sostuvo. “Necesitamos medios que entiendan que comunicar la ciencia no es un lujo, sino una forma de construir ciudadanía”.
Finalmente, Vila llamó a “multiplicar el entusiasmo” generado por la expedición. “El mar uruguayo es mucho más que una ruta de tránsito de mercaderías. Es un territorio vivo, tridimensional, lleno de historias, especies y misterios. Uruguay Sub 200 demostró que cuando la ciencia se comunica con pasión, el público acompaña”.
La experiencia, agregó, deja una enseñanza duradera: “Comunicar la ciencia es explorar, inspirar y proteger nuestro futuro”.1