Pocos días antes de la firma del Acuerdo Interino de Comercio entre el MERCOSUR y la Unión Europea, tres exembajadores de amplia trayectoria diplomática coincidieron en subrayar la relevancia estratégica, política y económica del entendimiento alcanzado entre ambos bloques tras más de 25 años de negociaciones. En un artículo publicado por el diario El País de Madrid, Jorio Dauster (Brasil), Manuel María Cáceres (Paraguay) y Guillermo Valles Galmés (Uruguay) analizaron el alcance del acuerdo y lo situaron en el contexto de un escenario internacional marcado por la fragmentación, la competencia entre grandes potencias y el debilitamiento del multilateralismo.
Los autores recordaron que las negociaciones entre el MERCOSUR y la Unión Europea se remontan al Acuerdo Marco de Cooperación firmado en Madrid en 1995, y señalaron que el prolongado proceso puso a prueba la credibilidad europea como socio estratégico. En ese sentido, destacaron como un hecho positivo la autorización otorgada a la presidenta de la Comisión Europea para viajar a Asunción y firmar el acuerdo, interpretándolo como una señal política relevante en un contexto global de alta incertidumbre.
Desde una perspectiva general, los exembajadores sostuvieron que, aun reconociendo que el acuerdo podría haber sido más ambicioso, su concreción representa una apuesta clara por la cooperación entre regiones que comparten valores fundamentales. Entre ellos mencionaron el respeto al derecho internacional, la solución pacífica de controversias y la defensa de un orden internacional basado en reglas, en contraposición a un sistema regido por la lógica del poder.
Uno de los ejes centrales del análisis es la dimensión geopolítica del acuerdo. Según los firmantes, el entendimiento refuerza la presencia europea en América del Sur en un momento de creciente competencia estratégica global, al tiempo que ofrece al MERCOSUR una vía de inserción internacional más equilibrada. En este punto, subrayaron la necesidad de diversificar los vínculos externos del bloque sudamericano y evitar dependencias excesivas.
El artículo aporta datos para ilustrar esta tendencia: la participación de la Unión Europea como destino de las exportaciones del MERCOSUR cayó del 26 % a mediados de la década de 1990 a alrededor del 14 % en 2024. De forma similar, el peso europeo como proveedor del bloque se redujo del 28 % al 18 % en el mismo período. Para los exembajadores, estas cifras reflejan tanto la pérdida de oportunidades para Europa como la conveniencia del MERCOSUR de reequilibrar su inserción comercial internacional.
Otro aspecto destacado es el impacto potencial del acuerdo sobre la integración regional sudamericana. A más de treinta años de la firma del Tratado de Asunción, los autores señalaron que el MERCOSUR aún presenta debilidades estructurales, como la falta de un arancel externo común plenamente efectivo, la escasa coordinación macroeconómica y la persistencia de barreras internas. En este marco, consideraron que el acuerdo con la Unión Europea puede actuar como un catalizador para profundizar la integración regional, al introducir incentivos económicos concretos que favorezcan una mayor convergencia entre los países miembros.
En el plano sectorial, el artículo aborda uno de los puntos más sensibles del debate europeo: el impacto del acuerdo sobre la agricultura. Los exembajadores afirmaron que el MERCOSUR no compite estructuralmente con la agricultura europea, sino que la complementa y la abastece de insumos estratégicos. Señalaron que más del 70 % de las importaciones europeas de proteínas vegetales, en particular soja y harina de soja, provienen del MERCOSUR y resultan esenciales para sostener la ganadería intensiva en Europa.
A ello se suma, según el análisis, el suministro de biodiésel, insumos agrícolas clave y el potencial aporte en fertilizantes como la urea y la potasa, además de productos como algodón, madera y celulosa, relevantes para la industria textil y el embalaje agrícola. Desde esta perspectiva, los autores definieron al MERCOSUR como un socio difícilmente sustituible para el sector agrícola europeo.
En relación con los productos agroalimentarios finales destinados al consumo, el artículo sostiene que el acuerdo no genera riesgos estructurales para la producción europea. El acceso al mercado comunitario se encuentra limitado por contingentes arancelarios, calendarios de desgravación gradual y el cumplimiento estricto de normas sanitarias y fitosanitarias. En el caso de la carne bovina, los volúmenes previstos representan entre el 1 % y el 1,5 % del consumo anual de la Unión Europea, incluso en un escenario de utilización plena de los cupos. En términos ilustrativos, los autores señalan que el impacto agregado equivale, como máximo, a una hamburguesa por persona por año.
Para las carnes aviar y porcina, los efectos serían aún más reducidos, particularmente en un sector donde la Unión Europea es exportadora neta. En este contexto, el artículo busca relativizar los temores expresados por algunos sectores agrícolas europeos y aportar elementos cuantitativos al debate.
Los exembajadores también destacaron el valor simbólico y político del acuerdo como señal hacia el interior y el exterior de ambas regiones. En un mundo donde el comercio tiende a politizarse y el multilateralismo enfrenta crecientes tensiones, el entendimiento entre el MERCOSUR y la Unión Europea es presentado como una afirmación de liderazgo y de compromiso con reglas compartidas.
El texto concluye con una referencia al proceso de ratificación, que tendrá en el Parlamento Europeo una etapa clave. Los autores señalan que el debate recién comienza y que habrá tiempo para profundizar los argumentos a favor del acuerdo en las instancias institucionales correspondientes.
Reconocimiento
Finalmente, el artículo rinde un reconocimiento explícito a España por su respaldo sostenido al proceso de negociación y recuerda la figura de Manuel Marín, excomisario europeo y referente del europeísmo, a quien destacan como un defensor temprano y visionario del acercamiento interregional.
El artículo está firmado por Jorio Dauster, exembajador de Brasil ante la Unión Europea y exnegociador jefe de la deuda externa brasileña; Manuel María Cáceres, exviceministro de Relaciones Exteriores de Paraguay y exembajador ante la UE, Estados Unidos, la OEA, Argentina y Brasil; y Guillermo Valles Galmés, exvicecanciller de Uruguay y exembajador ante China, la Unión Europea, la OMC y Brasil, además de exdirector de Comercio de la UNCTAD.