La extensión del conflicto laboral en Terminal Cuenca del Plata (TCP) está generando impactos que trascienden la operativa de la terminal de contenedores y alcanzan a empresas vinculadas a la actividad exportadora e importadora.
La presidenta de la Unión de Exportadores del Uruguay, Carmen Porteiro, afirmó que la situación es “absolutamente insostenible” y reveló que la organización ya recibió información de empresas que comenzaron a enviar parte de su personal al seguro de paro como consecuencia de las dificultades provocadas por las interrupciones en la operativa portuaria.
En declaraciones al programa Informativo Sarandí, Porteiro explicó que las consecuencias del conflicto se manifiestan a través de una cadena de efectos que incluye mayores costos logísticos, pérdida de previsibilidad para organizar las operaciones y dificultades para mantener los compromisos con clientes internacionales.
“Nosotros tenemos reporte de dos casos específicos”, señaló la dirigente, aclarando que esos datos no permiten afirmar que se trate de una situación generalizada. Sin embargo, advirtió que, en la medida en que el conflicto se prolongue, podrían aparecer nuevos casos.
Insumos que no llegan y mercadería que no sale
Porteiro sostuvo que las interrupciones portuarias afectan tanto a las exportaciones como a las importaciones, debido al papel que cumple el puerto de Montevideo como principal vía de entrada y salida de mercaderías del país.
Las empresas exportadoras no solamente utilizan el puerto para colocar sus productos en los mercados internacionales. También dependen de las importaciones para abastecer sus procesos productivos.
“Pueden ser insumos para la producción propiamente, pueden ser herramientas, elementos para una parada de mantenimiento, para una parada técnica, equipamiento, maquinaria”, explicó.
A esto se suma la mercadería destinada al consumo interno, cuya llegada también puede verse afectada por las interrupciones en la cadena logística.
La consecuencia inmediata es un aumento de los costos.
Un contenedor que permanece más tiempo de lo previsto en una terminal, la necesidad de contratar un depósito alternativo o la espera de un transportista durante horas generan costos adicionales para las empresas.
Pero Porteiro identificó otros dos factores que considera igualmente relevantes: la pérdida de certezas operativas y el deterioro de la confianza de los clientes.
“Tenemos aumento de costos, pérdida de certezas, pérdida de confianza”, resumió.
Empresas que buscan alternativas en Brasil
La situación no afecta de la misma manera a todas las compañías.
Según explicó la presidenta de la Unión de Exportadores, las empresas de mayor porte pueden disponer de mayores alternativas logísticas y algunas ya están derivando cargas hacia puertos brasileños para mantener sus operaciones.
Sin embargo, esa posibilidad no está al alcance de todas las empresas.
Porteiro puso como ejemplo el caso de compañías de menor tamaño cuya producción mensual puede quedar concentrada en un único contenedor. Si esa mercadería no puede salir, la empresa puede enfrentar dificultades para generar los ingresos necesarios para cubrir sus obligaciones.
“Una empresa se puede cortar una cadena de pago”, explicó, señalando que a las dificultades logísticas se agregan costos financieros, porque las empresas pueden verse obligadas a endeudarse para afrontar el pago de salarios y otras obligaciones.
La guardia mínima permitió operar, pero con menor eficiencia
Consultada sobre el funcionamiento del régimen de servicios mínimos dispuesto para la actividad portuaria, Porteiro reconoció que permitió mantener parcialmente la operativa.
Según explicó, hubo buques que pudieron ser atendidos, aunque con distintos niveles de afectación. En algunos casos se redujo la cantidad de importaciones descargadas y en otros se pudo realizar parcialmente carga de exportación.
El problema radica en la pérdida de eficiencia.
Un buque de gran porte que debe movilizar alrededor de 1.000 o 1.500 contenedores entre operaciones de carga y descarga difícilmente puede completar toda su operativa cuando funciona bajo un régimen mínimo.
“Es un pequeño avance en relación a no poder hacer nada”, sostuvo Porteiro, aunque advirtió que el sistema no permitió recuperar la eficiencia habitual de la terminal.
La dirigente agregó que el mecanismo tuvo además un efecto sobre otras instalaciones portuarias, ya que mientras la carga contenerizada pudo mantener cierto movimiento durante el paro nacional, el conflicto terminó extendiéndose hacia otros puertos, entre ellos Nueva Palmira.
Pedido de preservar la actividad portuaria
La Unión de Exportadores evitó pronunciarse sobre las posiciones de las partes involucradas directamente en el conflicto laboral.
Porteiro explicó que la organización se considera una parte afectada por la situación y entiende que corresponde a las autoridades adoptar las medidas necesarias para preservar la operativa de uno de los principales activos del país.
En ese sentido, recordó que la Ley de Puertos establece el carácter estratégico de la actividad portuaria para el desarrollo y crecimiento nacional y plantea la necesidad de que el puerto permanezca operativo cuando la demanda así lo requiera.
Consultada específicamente sobre la posibilidad de declarar la esencialidad de la actividad, Porteiro no planteó una medida concreta como condición, sino que sostuvo que deben estar disponibles “todas las herramientas” que la autoridad considere pertinentes.
La Unión de Exportadores respaldó inicialmente la decisión de establecer servicios mínimos y planteó la necesidad de evaluar sus resultados.
“Las autoridades entendieron que lo mejor era el servicio de guardia mínima. Nosotros decimos: respaldamos y veamos cómo opera”, explicó.
Sin embargo, ante la prolongación del conflicto, la dirigente sostuvo que deben analizarse nuevas alternativas. “Si no funcionan los servicios mínimos, se debería ir a ese camino”, señaló en referencia a la eventual declaración de esencialidad.
El impacto sobre la conectividad
Más allá de las dificultades inmediatas, Porteiro expresó preocupación por las consecuencias que la situación pueda tener sobre la conectividad marítima de Uruguay.
Para la dirigente, la conectividad constituye un elemento central para la competitividad de un país pequeño, ya que permite contar con servicios regulares y conexiones directas con los principales mercados internacionales.
Una demora puntual puede ser absorbida por una empresa, explicó, pero si las interrupciones se prolongan y los servicios marítimos comienzan a modificar sus escalas, los tiempos de tránsito pueden aumentar considerablemente.
Como ejemplo, mencionó el caso de una línea que decidió omitir Montevideo en 2025 en uno de sus servicios hacia el Mediterráneo. Según señaló, para algunas empresas esa modificación implicó una extensión de hasta 12 días en el tiempo de llegada de la mercadería a destino.
El riesgo, según la Unión de Exportadores, es que las dificultades operativas actuales terminen afectando decisiones comerciales y logísticas de más largo plazo.
Una preocupación que trasciende el conflicto actual
Porteiro sostuvo que el problema no debe analizarse únicamente en función de las pérdidas o sobrecostos que se generan durante las interrupciones actuales.
A su entender, también debe considerarse el efecto sobre la previsibilidad que Uruguay ofrece a los operadores internacionales.
“Tenemos un lema de venta de nuestro país sobre las certezas, la estabilidad jurídica, la estabilidad macroeconómica, la previsibilidad de nuestras operaciones”, señaló. Y agregó que parte de esas condiciones se está deteriorando como consecuencia de la situación.
En ese marco, la dirigente vinculó las dificultades portuarias con el desafío general de competitividad que enfrenta el país.
El aumento de los costos logísticos se suma a otros factores que inciden sobre la rentabilidad exportadora, entre ellos los costos energéticos, los insumos y el comportamiento del tipo de cambio.
Para la Unión de Exportadores, por tanto, la situación del puerto de Montevideo constituye un componente adicional dentro de una matriz de competitividad que ya enfrenta dificultades.
El tiempo como factor crítico
Consultada sobre el papel que está desempeñando el Gobierno, Porteiro valoró que las autoridades estén mediando entre las partes y señaló que existe diálogo con la Unión de Exportadores.
Sin embargo, advirtió que el factor tiempo comienza a adquirir una importancia creciente.
“El tiempo se agota”, afirmó, señalando que las empresas necesitan previsibilidad para organizar su producción, sus inventarios, sus compromisos financieros y sus operaciones de comercio exterior.
Para las compañías que operan con márgenes reducidos, una demora adicional puede representar una diferencia significativa.
La situación adquiere especial relevancia para aquellas empresas cuya producción o mercadería de exportación depende de una ventana temporal determinada. Porteiro mencionó particularmente productos cuya próxima oportunidad comercial puede encontrarse a un año de distancia, lo que vuelve crítica cualquier demora.
Mientras continúan las negociaciones entre las partes del conflicto, la preocupación del sector exportador se concentra así en una dimensión más amplia: mantener operativo el principal nodo de comercio exterior del país, preservar las conexiones marítimas y evitar que una situación coyuntural termine generando efectos sobre las decisiones logísticas y comerciales de mediano y largo plazo.