Trump ante Xi Jinping: “La relación entre China y EEUU va a ser mejor que nunca”

Los líderes se reúnen en Pekín durante la primera visita de un presidente estadounidense al gigante asiático en nueve años
mayo 14, 2026
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Los líderes de las dos superpotencias ya se encuentran cara a cara en Pekín para dirimir un buen puñado de disputas comerciales, tecnológicas y geopolíticas acumuladas sobre la mesa en los últimos años. Tras aterrizar el miércoles por la noche en la capital del gigante asiático, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha sido recibido este jueves por su homólogo chino, Xi Jinping, en el Gran Salón del Pueblo, el edificio reservado para las grandes ocasiones políticas, donde se ha celebrado la primera sesión de negociaciones entre los mandatarios.

“La relación entre China y Estados Unidos va a ser mejor que nunca antes”, ha asegurado el magnate republicano en el primer intercambio de palabras, abierto a la prensa. Ha repetido en varias ocasiones el “honor” que supone para él la visita, y ser su “amigo”. “Hemos tenido una relación fantástica, nos hemos llevado bien y, cuando ha habido dificultades, las hemos solucionado”, ha expresado. “Yo te llamaba y tú me llamabas”, ha continuado, al más puro estilo Trump. “La gente no sabe que, cuando teníamos un problema, lo solucionábamos muy rápido y vamos a tener un futuro fantástico juntos”.

Xi, como es habitual, ha arrancado hablando de un mundo en proceso de mutación con una frase que ha convertido en un mantra. “Los cambios sin precedentes en un siglo se están acelerando”, ha dicho. “La situación internacional atraviesa un periodo marcado por turbulencias y transformaciones entrelazadas. El mundo vuelve a encontrarse en una nueva encrucijada histórica”.

Sentado en el flanco izquierdo de la sala, rodeado por su equipo de confianza, Xi ha lanzado al otro lado de la estancia, donde se sientan Trump y su delegación, una batería de preguntas: “¿Podrán China y Estados Unidos superar la llamada “trampa de Tucídides” y abrir un nuevo paradigma de relaciones entre grandes potencias? ¿Podrán unir esfuerzos para hacer frente a los desafíos globales e inyectar más estabilidad al mundo? ¿Podrán, teniendo presentes el bienestar de los pueblos de ambos países y el futuro y destino de la humanidad, construir conjuntamente un futuro mejor para las relaciones bilaterales?“.

Son, ha dicho, preguntas de la historia, del mundo y de los pueblos, cuya respuesta “los líderes de las grandes potencias deben escribir juntos”.

Minutos antes de sentarse a negociar, durante la recepción oficial, a los pies de la escalinata de acceso del Gran Salón del Pueblo, en un lateral de la histórica plaza de Tiananmen, el Gobierno chino ha desplegado la pompa habitual con la que reciben a los jefes de Estado: los niños agitando banderitas de ambos países mientras exclaman a coro “¡Bienvenid!“, las salvas de cañones, la revista a las tropas, los himnos respectivos tocados por la banda militar.

Impresiona ver a ambos, Xi y Trump, con su larga lista de diferencias, caminar juntos por el mismo lugar por el que pisan, cuando corresponde, los delegados del congreso del Partido Comunista chino. Xi parecía especialmente sonriente mientras se daban la mano.

La cumbre, que se prolongará hasta el viernes, llega después de que la primera y la segunda economía del planeta se enzarzaran en una intensa disputa comercial y arancelaria en 2025, aparcada durante un año en su último encuentro en octubre en Busan (Corea del Sur). El tono de Pekín y Washington de cara a la cumbre es positivo, dando muestras de que ambos países buscan estabilizar sus relaciones y prolongar la entente: se espera que los líderes fijen la dirección estratégica de los lazos para los próximos meses.

Pero bajo el envoltorio amable, en la cita laten también las tensiones, agravios y sospechas acumulados en los últimos años: desde las restricciones tecnológicas estadounidenses ―que China ve como un intento de frenar su desarrollo― a la capacidad de Pekín de ejercer presión mediante la limitación de exportaciones de tierras raras y otros minerales críticos para la industria estadounidense.

Durante las conversaciones, abordarán con toda probabilidad la guerra de Estados Unidos en Irán, contra la que China ha alzado la voz en numerosas ocasiones, y se prevé que Estados Unidos reclame a Pekín que eche una mano para reconducir las estancadas negociaciones de paz y le pida a Teherán que reabra el estrecho de Ormuz.

Trump también ha asegurado que abordará el asunto de Taiwán, un punto sobre el que Xi ha dejado claras las líneas rojas de China durante su primera sesión: “Es el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos”, ha afirmado el líder asiático, según la agencia oficial Xinhua. “Si se maneja adecuadamente, las relaciones bilaterales podrán mantener una estabilidad general; si se maneja mal, ambos países podrían entrar en fricción e incluso en conflicto, llevando el conjunto de las relaciones chino-estadounidenses a una situación extremadamente peligrosa”. Mantener “la paz y la estabilidad” en el estrecho “constituye el mayor denominador común entre China y Estados Unidos”, ha añadido.

La Administración Trump ha subrayado el perfil comercial y económico del viaje, y su intención de avanzar acuerdos para que China se comprometa a comprar más productos del país norteamericano, en concreto, de las llamadas tres B: granos de soja (beans en inglés), ternera (beef) y aviones de Boeing.

En sus palabras introductorias, Trump ha hecho referencia al potente séquito de empresarios que le acompañan en este viaje, primeros espadas de las multinacionales estadounidenses, que incluyen a Elon Musk (Tesla, SpaceX), Tim Cook (Apple), Larry Fink (Black Rock, el mayor fondo de inversión del mundo) y Jensen Huang (Nvidia, diseñadora de chips, la empresa más valiosa del planeta por capitalización bursátil, y pieza crítica en la rivalidad tecnológica en esta era de la IA).

Son “los mejores empresarios, los más grandes, supongo que los mejores del mundo”, los ha definido Trump. “Están aquí hoy para presentarle sus respetos a usted y a China, y esperan con interés comerciar y hacer negocios, y será totalmente recíproco por nuestra parte”.

Su intervención ha estado repleta de palabras laudatorias: “Siento un gran respeto por China, por el trabajo que ha hecho, es usted un gran líder, se lo digo a todo el mundo”, ha dicho. “A veces a la gente no le gusta que lo diga, pero lo digo de todos modos porque es verdad”.

Xi también ha mostrado su disposición al entendimiento: “Cuando ambas partes cooperan, ambas salen beneficiadas; cuando se enfrentan, ambas resultan perjudicadas”, ha dicho. “China y Estados Unidos deben ser socios y no adversarios, promover el logro mutuo y la prosperidad compartida, y abrir un camino correcto de convivencia entre grandes potencias en la nueva era”. Y ha concluido su intervención con señales sobre esa apertura que Trump le reclama, mencionando su intención de que la cumbre sirva para “orientar” las relaciones y convertir el 2026 en “un año histórico y emblemático que marque la continuidad y la apertura de una nueva etapa” entre ambos países.

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