El Parlamento Europeo paralizó el acuerdo con el Mercosur y lo remitió al Tribunal de Justicia de la UE

La decisión fue adoptada en sesión plenaria en Estrasburgo por una ajustada mayoría de 334 votos a favor, 324 en contra y 11 abstenciones
enero 21, 2026
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La configuración final del voto dejó en evidencia que el acuerdo UE–Mercosur atraviesa a casi todos los espacios políticos y nacionales del Parlamento Europeo

El Parlamento Europeo decidió paralizar el proceso de ratificación del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur y remitir el texto al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para que evalúe su compatibilidad con los tratados comunitarios. La decisión fue adoptada en sesión plenaria en Estrasburgo por una ajustada mayoría de 334 votos a favor, 324 en contra y 11 abstenciones, reflejando la profunda división política que genera el pacto dentro del bloque europeo.

La medida implica, en términos prácticos, la suspensión del calendario de ratificación del acuerdo firmado el pasado 18 de enero en Asunción, Paraguay, hasta que el máximo órgano judicial de la UE emita un dictamen. Según los antecedentes del Tribunal, este tipo de opiniones jurídicas suele demandar entre 18 y 24 meses, lo que podría retrasar significativamente la entrada en vigor del tratado.

El acuerdo UE-Mercosur busca crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, integrando a la Unión Europea con Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, y abarcando a más de 720 millones de consumidores. Para los países del Mercosur, el convenio es considerado estratégico por su potencial impacto en exportaciones agroindustriales, flujos comerciales, inversiones y cadenas logísticas, especialmente en sectores vinculados al transporte marítimo y la infraestructura portuaria.

La votación fue celebrada por sectores críticos del acuerdo, en particular organizaciones agrícolas europeas que se manifestaron frente al Parlamento en Estrasburgo, y cuestionada por la Comisión Europea. Desde el Ejecutivo comunitario, el portavoz de Comercio, Olof Gill, señaló que, según el análisis de la Comisión, los cuestionamientos planteados en la moción parlamentaria “no están justificados”, recordando además que el bloque dispone de la herramienta de la aplicación provisional del acuerdo, aunque aclaró que, por el momento, no se adoptará una decisión unilateral en ese sentido.

El trasfondo del debate jurídico se centra en dos ejes principales. Por un lado, la legalidad del mecanismo de reequilibrio incluido en el acuerdo, que permitiría a las partes adoptar medidas correctivas ante impactos económicos o regulatorios adversos. Por otro, la base legal utilizada para su aprobación, que habilita a separar los capítulos estrictamente comerciales del resto del texto, permitiendo su ratificación sin el aval de los parlamentos nacionales de los Estados miembros, un punto que varios eurodiputados consideran una posible vulneración de la autonomía regulatoria de la UE.

La resistencia al acuerdo está liderada principalmente por Francia, el mayor productor agrícola del bloque, donde sectores rurales sostienen que el pacto facilitará un aumento significativo de importaciones de carne vacuna, azúcar y aves de corral provenientes del Mercosur, con costos de producción más bajos. Estas preocupaciones han tenido un peso decisivo en el debate político europeo y se reflejaron en el comportamiento del voto, que atravesó transversalmente a los distintos grupos ideológicos.

En contrapartida, dirigentes europeos favorables al acuerdo cuestionaron duramente la decisión parlamentaria. El presidente de la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento, el socialdemócrata alemán Bernd Lange, calificó la maniobra como un “gol en contra” para la economía europea y consideró irresponsable utilizar una revisión jurídica como herramienta dilatoria. En la misma línea, el canciller alemán Friedrich Merz sostuvo que la votación no refleja adecuadamente el contexto geopolítico actual y reclamó avanzar con la aplicación provisional del acuerdo para evitar nuevas demoras.

Desde América del Sur, los gobiernos del Mercosur reaccionaron con cautela, pero reafirmaron su voluntad de avanzar con los procesos internos de ratificación. En Brasil, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva inició gestiones para acelerar el tratamiento del acuerdo en el Congreso Nacional, con el objetivo de demostrar compromiso político y evitar que el tratado, negociado durante más de 26 años, ingrese en una nueva etapa de indefinición.

En Uruguay, el canciller Mario Lubetkin calificó la decisión del Parlamento Europeo como un “tropezón”, descartó que se trate de una congelación definitiva del acuerdo y afirmó que el país profundizará el proceso de ratificación interna y el diálogo político con los socios europeos. Según el jefe de la diplomacia uruguaya, avanzar en la aprobación nacional permitirá al Mercosur llegar a Europa con mayor fortaleza política cuando el tema vuelva a debatirse en el ámbito comunitario.

Desde una perspectiva marítima y logística, la eventual postergación del acuerdo introduce un factor de incertidumbre para operadores portuarios, navieras y exportadores, que ven en el tratado una oportunidad para incrementar volúmenes de carga, diversificar rutas comerciales y fortalecer la integración entre los puertos del Atlántico Sur y los principales hubs europeos. No obstante, el consenso entre los analistas es que, más allá de los tiempos políticos y judiciales, el acuerdo sigue siendo una pieza central de la estrategia comercial birregional.

Mientras el Tribunal de Justicia de la UE analiza el caso, el acuerdo permanece en suspenso, en un escenario donde las dinámicas comerciales, las tensiones políticas internas de Europa y el contexto geopolítico global continúan influyendo sobre uno de los tratados más ambiciosos de las últimas décadas.

Cómo se distribuyó la votación en el Parlamento Europeo

La decisión de remitir el acuerdo UE–Mercosur al Tribunal de Justicia de la Unión Europea fue adoptada por una mayoría ajustada y transversal, reflejando la fragmentación política existente en torno al tratado. La votación final arrojó 334 votos a favor, 324 en contra y 11 abstenciones, en un Parlamento compuesto por más de 700 eurodiputados.

Los votos a favor de la remisión a la Justicia, que en los hechos paraliza el proceso de ratificación, provinieron de diversos sectores políticos. Entre ellos se destacaron los eurodiputados de la ultraderecha agrupada en Patriotas por Europa, los Verdes y el grupo de La Izquierda, así como importantes delegaciones nacionales dentro de otros bloques, en particular legisladores franceses de distintos partidos, parlamentarios polacos del Partido Popular Europeo (PPE) y del grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), además de socialdemócratas rumanos.

En el campo contrario, los 324 votos en contra de la moción estuvieron concentrados principalmente en la mayoría del Partido Popular Europeo, los socialdemócratas y los liberales de Renovar Europa, bloques que sostienen que el acuerdo es legal y estratégicamente necesario para la Unión Europea. A ellos se sumaron los ultraconservadores italianos vinculados al gobierno de Giorgia Meloni y los eurodiputados españoles de Vox que, en este caso, optaron por no acompañar la maniobra jurídica.

Las 11 abstenciones provinieron de legisladores que, si bien expresaron reparos sobre algunos aspectos del acuerdo, evitaron alinearse de forma explícita con cualquiera de los dos bloques principales.

Desde los sectores que impulsaron la remisión al Tribunal, se argumentó que el mecanismo de aprobación elegido podría vulnerar competencias de los Estados miembros y limitar la capacidad regulatoria de la Unión Europea, especialmente en materia ambiental y sanitaria. En cambio, los defensores del acuerdo consideraron que la votación constituye una maniobra dilatoria que introduce incertidumbre jurídica y debilita la posición estratégica de Europa en el comercio internacional.

La configuración final del voto dejó en evidencia que el acuerdo UE–Mercosur no divide únicamente entre izquierda y derecha, sino que atraviesa a casi todos los espacios políticos y nacionales del Parlamento Europeo, anticipando un proceso de ratificación complejo y condicionado por factores económicos, sociales y geopolíticos.

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