La pesca constituye uno de los principales pilares económicos de las Islas Malvinas y detrás de la explotación del calamar patagónico funciona una estructura empresarial que vincula a compañías registradas en el archipiélago con algunos de los principales grupos pesqueros de Galicia.
La primera campaña pesquera de 2026 volvió a poner en funcionamiento este entramado. Desde el 22 de febrero, una flota de 16 grandes arrastreros de capital mixto vinculados al sector pesquero gallego operó sobre el calamar Doryteuthis gahi, conocido comercialmente como calamar Loligo o calamar patagónico. Los buques capturaron más de 42.000 toneladas antes de regresar a Galicia al finalizar la campaña.
El modelo vigente en Malvinas no se limita a la concesión de permisos a barcos extranjeros. Durante las últimas décadas se desarrolló una estructura basada en sociedades mixtas y cuotas de largo plazo, mediante la cual las empresas locales mantienen formalmente los derechos pesqueros mientras los socios extranjeros aportan embarcaciones, capital, tecnología, comercialización y acceso a los mercados.
Esta combinación convirtió a la pesca en uno de los principales soportes económicos del archipiélago y en una actividad estrechamente relacionada con empresas pesqueras españolas, particularmente de Galicia.
La pesca transformó la economía de las islas
El actual esquema comenzó a tomar forma en 1986, cuando las autoridades británicas establecieron unilateralmente una zona de conservación pesquera alrededor de las islas y comenzaron a cobrar licencias a los buques que operaban en ella.
Según la propia administración isleña, la introducción del régimen pesquero provocó un incremento del 500% en sus ingresos y permitió alcanzar la autosuficiencia financiera en prácticamente todas las áreas, con excepción de defensa y relaciones exteriores.
Actualmente, la pesca representa alrededor del 40% del Producto Interno Bruto de las islas, mientras que dos especies de calamar concentran aproximadamente tres cuartas partes de las capturas en un año típico.
El peso de la actividad también queda reflejado en las cuentas públicas. Durante el ejercicio 2023-2024, la administración británica registró unos 33,8 millones de libras en ingresos provenientes de licencias pesqueras. Para 2024-2025 fueron presupuestados más de 36,1 millones de libras por ese concepto.
De esta manera, el recurso pesquero genera ingresos tanto para las compañías que participan de su explotación como para la administración establecida por el Reino Unido en el archipiélago.
Las cuotas, el corazón del negocio
Uno de los elementos centrales del modelo son las denominadas Individual Transferable Quotas (ITQ), cuotas individuales transferibles que otorgan derechos económicos sobre determinadas pesquerías.
De acuerdo con el registro oficial de titulares de cuotas de las islas, la pesquería de calamar Loligo está concentrada en un grupo reducido de compañías.
Para las temporadas de verano e invierno, Fortuna Limited posee el 27,53% de las cuotas; Argos Group, el 18,75%; Seaview, el 14,34%; Beauchene Fishing Company, el 12,97%; Southern Cross, el 11,56%; RBC, el 10,45%; y Seafish, el 4,40%.
Varias de estas sociedades tienen además vínculos con empresas españolas.
La conexión con Galicia constituye uno de los componentes centrales del negocio. Entre las relaciones societarias identificadas aparecen Argos Group, asociada al Grupo Pereira; Beauchene Fishing Company, vinculada con Copemar y el grupo relacionado con Marfrío; Fortuna, relacionada con Pescapuerta; RBC, asociada con Rampesca; Southern Cross, vinculada con Chymar; y Seafish y Seaview, relacionadas con el grupo Lafonia.
La estructura permite combinar los derechos de pesca otorgados desde las islas con capital, buques y cadenas de comercialización desarrolladas principalmente en Galicia.
La relación tiene además una dimensión industrial. En 2024, la Xunta de Galicia destacó el modelo durante la botadura del Argos Berbés, un nuevo arrastrero construido para una sociedad mixta participada por el Grupo Pereira. La embarcación demandó una inversión de aproximadamente 30 millones de euros y fue diseñada específicamente para operar en la pesca de calamar en aguas de Malvinas.
Derechos por 25 años
Uno de los cambios más importantes en el sistema se produjo con la creación del régimen denominado ITQ-B.
Este esquema permite otorgar derechos pesqueros por períodos de hasta 25 años, aunque elevó simultáneamente los requisitos de participación económica local. La estrategia oficial de acción exterior de Galicia para 2023-2027 señala que las empresas que quisieran acceder a las nuevas ITQ-B debían contar con un mínimo del 51% de capital originario de las islas, frente al 25,1% exigido anteriormente.
Para los grupos pesqueros gallegos, la extensión de las licencias aportó previsibilidad para justificar inversiones de decenas de millones de euros en nuevos buques congeladores.
Para las empresas radicadas en Malvinas, el nuevo régimen incrementó formalmente su participación accionaria y reforzó su control sobre las cuotas. Para la administración británica, en tanto, consolidó una industria en la que una mayor proporción del valor generado queda vinculada empresarialmente con el archipiélago.
De Malvinas a Galicia y los mercados europeos
La cadena económica no termina en las aguas del Atlántico Sur.
Galicia funciona como uno de los principales centros de distribución, procesamiento y comercialización del calamar capturado en Malvinas. Esa relación ayuda a explicar por qué las empresas españolas mantienen desde hace décadas su participación en un caladero ubicado a miles de kilómetros de Vigo.
También permite comprender el proceso de renovación de la flota.
El Argos Berbés integra una nueva generación de grandes arrastreros construidos en astilleros gallegos específicamente para este negocio. Antes habían ingresado al caladero embarcaciones como el Argos Cíes, Falcon, Monteferro y Montelourido, mientras otras compañías avanzaron posteriormente con nuevos proyectos de renovación.
La estabilidad de los derechos pesqueros por 25 años modificó la lógica económica de estas inversiones: las empresas pueden proyectar el costo de una embarcación durante un período prolongado sabiendo que la sociedad de la que participan dispone de acceso de largo plazo al recurso.
La campaña de 2026 confirmó la importancia de esa estructura. Los 16 arrastreros comenzaron a operar el 22 de febrero y finalizaron con más de 42.000 toneladas de calamar patagónico.
La cifra representa una recuperación respecto de temporadas anteriores. Durante todo 2025, los registros oficiales británicos señalan una captura aproximada de 56.895 toneladas de Doryteuthis gahi, de las cuales unas 37.492 toneladas correspondieron a la primera temporada.
Un negocio con dimensión económica y estratégica
La actividad pesquera en Malvinas tiene además una dimensión que excede estrictamente al negocio marítimo.
Desde la perspectiva argentina, las licencias son otorgadas unilateralmente por el Reino Unido en espacios marítimos cuya soberanía es objeto de disputa entre ambos países. Por esa razón, la explotación pesquera se encuentra vinculada también con una dimensión económica y estratégica más amplia.
El modelo desarrollado alrededor del calamar permite transformar los recursos naturales del Atlántico Sur en una fuente permanente de ingresos para la administración de las islas.
La cadena comienza con las cuotas controladas por sociedades locales, continúa con la participación de empresas extranjeras que aportan buques, capital y mercados, se extiende a los astilleros que construyen las embarcaciones y llega hasta Galicia, donde una parte importante del producto es procesada y comercializada.
Al mismo tiempo, la administración británica obtiene decenas de millones de libras mediante el sistema de licencias pesqueras.
Fortuna es uno de los ejemplos más representativos de esta evolución. La compañía comenzó a operar poco después del establecimiento de la zona pesquera, en 1987, y su crecimiento acompañó la transformación económica de las islas hasta convertirse en uno de los principales titulares de cuotas.
El esquema se reproduce, con distintas estructuras societarias, en otras empresas del sector.
Así, mucho antes de que el petróleo de Sea Lion comenzara a atraer inversiones de gran magnitud, el calamar ya había conseguido convertirse en una pieza central de la economía de Malvinas: transformó los recursos naturales de las aguas circundantes en una fuente de ingresos capaz de reducir la dependencia financiera directa de las islas respecto del Reino Unido.