El gobierno uruguayo comenzó a trabajar en el diseño de un fondo destinado a administrar los recursos que eventualmente genere una explotación de hidrocarburos en el país, en una discusión que se instala antes incluso de que estén disponibles los resultados definitivos de las actuales tareas de exploración petrolera offshore.
La iniciativa fue confirmada por el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, quien señaló que el objetivo es anticiparse a un escenario que, de concretarse un descubrimiento comercialmente explotable, podría modificar de manera significativa la estructura de ingresos del país.
El planteo parte de una premisa: encontrar petróleo no necesariamente significa que todos los recursos generados deban incorporarse de forma inmediata al gasto público. Por el contrario, una entrada extraordinaria de divisas puede generar efectos sobre el tipo de cambio, la competitividad de otros sectores productivos y la distribución del ingreso.
En ese sentido, el gobierno tomó como referencia el modelo desarrollado por Noruega a partir de sus descubrimientos de hidrocarburos en el Mar del Norte, uno de los mayores fondos de riqueza soberana del mundo, con activos que superan los 2,2 billones de dólares
Oddone introdujo el tema durante su primera oratoria por el Día del Comité de Base del Frente Amplio, donde reconoció que se trata de un asunto “polémico”. El ministro recordó que Uruguay está realizando exploración petrolera y que eventualmente el país podría tener que adoptar una decisión respecto a la explotación del recurso.
“Uruguay, como ustedes saben, está haciendo exploración petrolera y puede llegar a tener que gestionar la explotación del petróleo”, señaló.
Según explicó, esa decisión corresponderá soberanamente al gobierno que tenga que afrontar ese escenario, pero la actual administración considera necesario comenzar desde ahora a analizar cómo debería administrarse una eventual riqueza petrolera.
En ese marco, confirmó que el gobierno “ya está trabajando” en la creación de un fondo para gestionar esos recursos en caso de que las prospecciones deriven finalmente en un descubrimiento.
Anticiparse al descubrimiento
El planteo tiene una particularidad: Uruguay todavía se encuentra en una etapa exploratoria. Una eventual perforación offshore podría concretarse recién hacia fines de 2027 y, aun en caso de encontrar hidrocarburos, todavía habría que determinar el tamaño del yacimiento, sus características, el volumen recuperable y, fundamentalmente, si su explotación resulta económicamente viable.
Por eso, la discusión sobre el fondo soberano se desarrolla con un horizonte de varios años y busca evitar que las decisiones institucionales deban tomarse de manera acelerada una vez confirmado un eventual descubrimiento.
Para el equipo económico, además, la cuestión no pasa solamente por decidir qué hacer con los ingresos. También importa cómo evitar que una llegada masiva de divisas termine generando efectos negativos sobre el resto de la economía.
Oddone explicó que la explotación petrolera puede generar “un conjunto de dinero cuyos efectos colaterales son muy adversos”, fenómeno que vinculó con la denominada “enfermedad holandesa”.
El concepto refiere a una situación en la que el ingreso extraordinario generado por un recurso natural provoca una apreciación de la moneda y termina afectando la competitividad de otros sectores de la economía, particularmente aquellos vinculados a la producción de bienes y servicios transables.
A ello se suma el denominado efecto riqueza, que puede modificar los niveles de consumo, inversión y distribución del ingreso.
“Cuando uno encuentra un recurso natural superabundante, tiene un efecto de riqueza instantáneo que, a su vez, tiene un efecto sobre la distribución del ingreso muy negativo, y para eso hay que estar preparado”, advirtió el ministro.
La creación de un fondo permitiría, precisamente, separar parcialmente los ingresos extraordinarios derivados del recurso natural de las necesidades presupuestales de corto plazo.
El modelo noruego que mira Uruguay
Para avanzar en el diseño, Uruguay está mirando especialmente la experiencia noruega.
Oddone destacó que los noruegos son “maestros” en la administración de la riqueza derivada de los hidrocarburos y señaló que el gobierno busca establecer un acercamiento con ese país para conocer de primera mano cómo fue diseñado y gestionado su fondo.
La experiencia de Noruega comenzó luego del descubrimiento, en 1969, de importantes reservas de petróleo en el Mar del Norte. El país optó por desarrollar una política de largo plazo para administrar los ingresos provenientes de los hidrocarburos y evitar que la riqueza petrolera se transformara en un factor de desequilibrio económico.
En 1990, el Parlamento noruego aprobó la creación del Fondo de Pensiones Global del Gobierno, conocido internacionalmente como Government Pension Fund Global (GPFG). A través de su gestor, el Norges Bank Investment Management (NBIM), el fondo combina el rendimiento financiero con estrictos límites morales y ambientales. El fondo recibió su primer depósito en 1996 y se convirtió con el paso de los años en uno de los mayores fondos soberanos del mundo.
Su lógica central consiste en transformar una parte de la riqueza generada por los recursos naturales en un patrimonio financiero destinado a las generaciones futuras.
En lugar de volcar todos los ingresos petroleros directamente a la economía doméstica, Noruega invierte la mayor parte de esos recursos en los mercados internacionales.
La estrategia permite reducir la presión que una entrada masiva de divisas podría generar sobre la economía local y, al mismo tiempo, construir un activo financiero de largo plazo.
El fondo noruego mantiene una cartera ampliamente diversificada, con una fuerte participación en acciones internacionales, además de inversiones en renta fija, bienes raíces e infraestructura vinculada a energías renovables.
Otro de los pilares del modelo es la regla fiscal que limita cuánto de los recursos del fondo puede utilizar el gobierno para financiar el presupuesto. De esa forma, se procura utilizar principalmente una proporción sostenible de los rendimientos, preservando el capital acumulado.
Mucho más que petróleo
El modelo noruego también incorpora una dimensión ética que podría formar parte de la discusión uruguaya si finalmente se avanza hacia un fondo de características similares.
El fondo cuenta con criterios de exclusión para determinadas empresas y actividades. Entre ellos aparecen restricciones vinculadas con la fabricación de determinados tipos de armamento, tabaco y actividades relacionadas con graves daños ambientales o violaciones de derechos humanos.
La política de inversiones noruega busca así combinar rentabilidad financiera con determinados criterios de responsabilidad empresarial, aunque esos criterios han sido objeto de revisiones y debates internos en los últimos años.
La magnitud alcanzada por el fondo convierte a Noruega en un caso particular dentro de la administración de recursos naturales. La estrategia permitió que la riqueza generada por los hidrocarburos no quedara limitada al período de producción de petróleo y gas, sino que se transformara en un activo financiero con vocación de permanencia.
Para Uruguay, la referencia resulta especialmente relevante porque una eventual producción offshore tendría características diferentes a las de una industria petrolera convencional instalada en tierra.
La posibilidad de un descubrimiento en aguas uruguayas abre además interrogantes sobre infraestructura, logística, servicios marítimos, bases de apoyo, transporte, almacenamiento, inversiones y participación de proveedores nacionales.
Pero esas oportunidades deberían coexistir con una estrategia macroeconómica que evite que los ingresos extraordinarios terminen desplazando a otros sectores productivos.
¿Qué podría tomar Uruguay?
El eventual fondo uruguayo no necesariamente debería replicar el modelo noruego, pero la experiencia ofrece algunos principios que podrían ser considerados.
1. Separar la renta petrolera del gasto corriente. Evitar que un ingreso extraordinario se transforme automáticamente en un aumento permanente del gasto público.
2. Invertir una parte significativa en el exterior. Esto permitiría reducir las presiones sobre la economía doméstica y diversificar los riesgos.
3. Establecer una regla fiscal. Determinar por ley cuánto de los rendimientos puede utilizarse anualmente y preservar el capital acumulado.
4. Pensar en generaciones futuras. Transformar un recurso natural agotable en un patrimonio financiero de largo plazo.
5. Definir criterios de inversión. Establecer desde el comienzo reglas de transparencia, gobernanza y eventuales criterios ambientales, sociales y de derechos humanos.
6. Garantizar una administración profesional. La gestión debería contar con mecanismos institucionales que reduzcan la discrecionalidad política y aseguren controles sobre las inversiones.
La principal enseñanza noruega, en definitiva, es que la riqueza proveniente de un recurso natural no tiene por qué convertirse inmediatamente en gasto. Puede transformarse en ahorro, inversión y patrimonio.
Para Uruguay, esa discusión todavía pertenece al terreno de la anticipación. Pero si finalmente las exploraciones confirman un yacimiento comercial, las reglas establecidas previamente podrían determinar si la eventual renta petrolera se convierte en una oportunidad de desarrollo de largo plazo o en un shock económico difícil de administrar.