Csukasi advierte que Uruguay debe definir su papel en las nuevas rutas marítimas y logísticas

La ministra interina de Relaciones Exteriores sostuvo que el país necesita dejar de “vivir de espaldas al mar”, potenciar la hidrovía y definir qué rol cumplirá en los corredores bioceánicos
septiembre 20, 2026
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“El potencial de la hidrovía para transformarse en una ruta de carga inmensa a futuro no lo estamos midiendo a veces del todo y sobre todo tenemos que empezar a trabajarlo”, sostuvo.

Uruguay necesita comenzar a pensar su desarrollo con una mirada más decidida hacia el mar, la hidrovía y las nuevas rutas que están configurando el comercio internacional. La advertencia fue planteada por la ministra interina de Relaciones Exteriores, Valeria Csukasi, durante una charla con dirigentes y militantes de la Vertiente Artiguista, donde abordó distintos aspectos de la política exterior y respondió preguntas sobre comercio, integración, transporte, inteligencia artificial y cambio climático.

En el tramo dedicado específicamente a la actividad marítima y fluvial, Csukasi sostuvo que Uruguay tiene por delante un desafío estratégico: definir cómo aprovechar su posición geográfica frente a un escenario en el que el comercio internacional puede adquirir una orientación creciente hacia el Pacífico.

“Hay un tema, un gran deber que tenemos como país, un país que está rodeado de agua, pero que nos olvidamos”, señaló.

La jerarca cuestionó lo que definió como una tendencia histórica de Uruguay a “vivir de espaldas al mar” y planteó que esa mirada debe modificarse si el país pretende aprovechar las oportunidades que ofrecen tanto su salida marítima como la red de hidrovías de la región.

Una hidrovía con potencial regional

Para Csukasi, la hidrovía constituye uno de los elementos con mayor potencial dentro de una estrategia regional de infraestructura y transporte.

Su importancia no estaría limitada al movimiento de cargas uruguayas. La funcionaria señaló que la hidrovía puede convertirse en una vía fundamental para el transporte de productos provenientes de Paraguay, eventualmente Bolivia y determinadas zonas de Brasil que no cuentan con una salida marítima sencilla.

“Ahí hay un potencial inmenso de todo tipo”, afirmó.

En ese planteo, la navegación fluvial aparece asociada directamente con la integración regional y con la posibilidad de que Uruguay desempeñe un papel logístico en el movimiento de cargas de países y regiones mediterráneas.

Sin embargo, Csukasi consideró que ese potencial todavía no está siendo medido en toda su dimensión.

“El potencial de la hidrovía para transformarse en una ruta de carga inmensa a futuro no lo estamos midiendo a veces del todo y sobre todo tenemos que empezar a trabajarlo”, sostuvo.

La ministra interina también vinculó ese desafío con cuestiones de seguridad. A su entender, una estrategia de aprovechamiento de las vías navegables debe contemplar también los denominados “espacios ciegos” y los riesgos asociados a los flujos que pueden desarrollarse a través de esas rutas.

De esa manera, la mirada sobre la hidrovía excede la infraestructura física y el movimiento de mercaderías e incorpora aspectos vinculados con seguridad, coordinación regional y control.

Transporte y comercio exterior

Csukasi destacó que existe una coordinación permanente entre la Cancillería y el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, pero señaló que la planificación de una estrategia de este tipo involucra necesariamente a otros organismos del Estado.

A su juicio, uno de los problemas consiste precisamente en que todavía no existe un espacio de diálogo suficientemente articulado entre todas las áreas que deberían intervenir.

“Justamente involucra otros tantos ministerios que hoy el espacio de diálogo no está tan planteado y eso es una cosa que nos saca el sueño”, afirmó.

La preocupación adquiere otra dimensión cuando se considera la capacidad efectiva para mover las cargas.

Csukasi señaló que, incluso en situaciones en las que el puerto atraviesa dificultades, el problema no necesariamente termina con la recuperación de la operativa portuaria.

“Cuando saquemos en momentos de crisis del puerto, sigue faltando capacidad de bodega, sigue faltando capacidad de transportar lo que se tiene que sacar de acá, lo que tiene que ingresarse acá”, explicó.

La afirmación coloca sobre la mesa una cuestión que excede la infraestructura portuaria propiamente dicha: la disponibilidad de servicios de transporte y de capacidad logística suficiente para acompañar el crecimiento del comercio exterior.

Para la jerarca, Uruguay necesita comenzar a pensar alternativas y ampliar la discusión sobre la forma en que movilizará sus cargas en el futuro.

El giro hacia el Pacífico

Uno de los conceptos de mayor relevancia para el sector marítimo surgió al responder una pregunta sobre la relación de Uruguay con la iniciativa china de la Franja y la Ruta y sobre el desarrollo de corredores bioceánicos.

Csukasi confirmó que Uruguay forma parte de la iniciativa, aunque aclaró que no integra necesariamente todos los proyectos específicos de infraestructura asociados a ella.

Pero el punto central de su planteo estuvo en otra cuestión: cómo evitar que Uruguay quede al margen de los grandes corredores que están comenzando a conectar el Atlántico con el Pacífico.

La funcionaria señaló que se está hablando de corredores bioceánicos y que varias de las propuestas no pasan directamente por territorio uruguayo.

El desafío, entonces, consiste en identificar cómo puede incorporarse el país a esas nuevas redes.

“¿Cómo nos vamos a nosotros a enganchar en esos grandes corredores bioceánicos cuando nuestro comercio va a poder pasar a estar mucho más volcado al Pacífico?”, planteó.

En ese escenario, Uruguay debería evitar quedar obligado a depender exclusivamente de rutas que impliquen recorridos más extensos para alcanzar los mercados asiáticos.

Csukasi señaló que, si el comercio regional continúa modificando sus rutas y aumenta la importancia del Pacífico, el país tendrá que definir qué infraestructura necesita para mantener una conexión eficiente.

“Si no empezamos por lo menos a identificar cuál es el rol que tiene que cumplir Uruguay y qué es lo que hay que potenciar en términos de transporte, si va a ser el ferroviario, si va a ser el marítimo, si va a ser la hidrovía, si va a ser todo, idealmente, nos vamos a quedar afuera”, advirtió.

La definición sintetizó una de las principales preocupaciones planteadas durante la actividad: que Uruguay no llegue tarde a la transformación de las rutas logísticas regionales.

“Cuando queramos acordar, Uruguay va a estar aislado en un sur que ya de por sí es bastante más aislado, si vemos para dónde se está moviendo el comercio mundial”, agregó.

Infraestructura como desafío de integración

La discusión sobre transporte apareció vinculada directamente con la necesidad de revisar el funcionamiento de la integración regional.

Para Csukasi, la infraestructura constituye uno de los grandes asuntos pendientes de la región y debería formar parte de una agenda renovada del Mercosur.

La funcionaria consideró que el bloque debe discutir cómo potenciar sus herramientas sin perder de vista que Uruguay mantiene una fuerte dependencia de los mercados de los países vecinos.

En el caso específico del transporte, esa discusión adquiere una dimensión adicional porque las nuevas rutas comerciales pueden modificar las prioridades de infraestructura de los países sudamericanos.

El desafío para Uruguay, según su planteo, no consiste únicamente en aumentar la capacidad de sus puertos, sino en determinar cómo articular puertos, hidrovías, ferrocarriles y corredores terrestres dentro de una estrategia regional.

Desde esa perspectiva, la posición geográfica del país puede convertirse tanto en una oportunidad como en un riesgo, dependiendo de la capacidad para integrarse a las nuevas cadenas logísticas.

Inteligencia artificial: primero conocer dónde está Uruguay

El segundo gran eje de la ronda de preguntas fue la inteligencia artificial.

Csukasi aclaró que se trata de una materia que no pertenece específicamente a la competencia de la Cancillería. Sin embargo, sostuvo que la política exterior tiene un papel importante en el seguimiento de los debates internacionales sobre la tecnología y en la identificación de los espacios en los que Uruguay puede participar.

La jerarca explicó que, cuando comenzó a analizarse con mayor profundidad el tema de la inteligencia artificial, la Cancillería detectó que ni siquiera tenía completamente mapeadas todas las instancias, mecanismos, grupos y documentos internacionales en los que Uruguay ya participaba o había suscrito compromisos.

“Nos dimos cuenta de que a nivel de Cancillería ni siquiera teníamos mapeadas la cantidad de instancias, mecanismos, grupos, documentos de los que éramos parte”, relató.

Según explicó, hacia fines del año pasado se realizó un trabajo destinado a identificar dónde estaba Uruguay en materia de inteligencia artificial, qué instrumentos había suscripto, en qué ámbitos participaba y cuáles eran las propuestas existentes.

La dificultad aumenta, señaló, porque prácticamente todos los días aparecen nuevas iniciativas internacionales relacionadas con inteligencia artificial.

Gobernanza global

El papel que la Cancillería busca desempeñar, de acuerdo con Csukasi, no consiste por ahora en liderar la política nacional sobre inteligencia artificial, sino en conocer los movimientos internacionales y aportar esa información a las áreas del Estado que corresponda.

“Lo que nosotros hacemos es mapear y decir: ‘Empecemos a coordinar mejor’”, explicó.

La funcionaria señaló que Uruguay recibe invitaciones para participar en diferentes grupos y mecanismos vinculados con inteligencia artificial, desde cuestiones éticas hasta asuntos de gobernanza global.

En ese contexto, consideró necesario que el país conozca qué significa participar en cada instancia y cuáles pueden ser las consecuencias de asumir determinados compromisos.

“Si a uno lo invitan a una instancia de lo que sea para participar de estos temas, tiene que saber qué significa estar en esa instancia, porque la presencia misma tiene sus consecuencias”, afirmó.

La Cancillería también comenzó a formar a sus funcionarios para que puedan comprender las discusiones vinculadas con inteligencia artificial, especialmente aquellos que eventualmente deban representar al país en organismos internacionales.

El objetivo inmediato, según Csukasi, es que Uruguay pueda entender qué está ocurriendo y canalizar la información hacia los ámbitos correspondientes.

“El rol de la Cancillería por ahora es más el entender qué es lo que pasa en el mundo y tratar de explicarlo, canalizarlo que incidir en la temática”, resumió.

Dos desafíos para una misma estrategia

Aunque el transporte marítimo y la inteligencia artificial pertenecen a campos muy diferentes, ambos temas aparecieron en la exposición de Csukasi vinculados con una misma preocupación: que Uruguay tenga capacidad para anticiparse a las transformaciones internacionales.

En el caso marítimo y logístico, el desafío pasa por definir el papel del país frente a la expansión de los corredores bioceánicos, el crecimiento de las rutas hacia el Pacífico, el potencial de la hidrovía y la necesidad de integrar diferentes modalidades de transporte.

En inteligencia artificial, el primer paso consiste en conocer dónde se están tomando las decisiones, qué países están participando y cuáles son las reglas que comienzan a discutirse.

En ambos casos, la advertencia de la jerarca apunta a la necesidad de no quedar al margen de procesos que pueden modificar las condiciones en las que Uruguay se inserta en el mundo.

Para el sector marítimo y logístico, la señal más concreta pasa por comenzar a definir qué papel tendrán los puertos uruguayos, la hidrovía, el transporte ferroviario y las conexiones terrestres dentro de una región que busca nuevas salidas hacia los mercados internacionales.

“Si no empezamos por lo menos a identificar cuál es el rol que tiene que cumplir Uruguay”, señaló Csukasi, “nos vamos a quedar afuera”.

“Uruguay tiene que dejar de vivir de espaldas al mar”

Durante la ronda de preguntas, Valeria Csukasi dejó una de las definiciones más concretas de la jornada al referirse al transporte y la infraestructura regional.

“Hay un tema, un gran deber que tenemos como país, un país que está rodeado de agua, pero que nos olvidamos”, sostuvo la ministra interina de Relaciones Exteriores.

A partir de esa premisa, planteó que Uruguay necesita mirar con mayor atención el potencial de la hidrovía y de las conexiones marítimas y fluviales con los países de la región.

Para Csukasi, Paraguay, Bolivia y determinadas zonas de Brasil pueden generar un volumen creciente de cargas que encuentre en la hidrovía una salida natural hacia el Atlántico. Pero, al mismo tiempo, el comercio regional está comenzando a mirar con mayor intensidad hacia el Pacífico.

Ese cambio obliga, según su planteo, a definir el papel que Uruguay tendrá en los corredores bioceánicos y a determinar qué modalidades de transporte deberán potenciarse.

“Si va a ser el ferroviario, si va a ser el marítimo, si va a ser la hidrovía, si va a ser todo, idealmente”, señaló.

La advertencia apunta a un desafío que trasciende al sistema portuario: diseñar una estrategia logística antes de que las nuevas rutas comerciales regionales queden consolidadas sin Uruguay entre sus principales conexiones.

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