La Hidrovía Paraguay-Paraná volvió a quedar en el centro de la preocupación de las autoridades de seguridad luego de que la Prefectura Naval Argentina frustrara una operación destinada a introducir casi media tonelada de cocaína en un buque granelero que se encontraba en aguas del río Paraná, a la altura de la localidad de San Nicolás (en la provincia de Buenos Aires, sobre la margen derecha del río Paraná, aproximadamente entre los kilómetros 338 y 348,5 de la hidrovía (Vía Navegable Troncal), situándose su puerto principal y área operativa en el km 348,5.
El procedimiento terminó con cuatro personas detenidas y el secuestro de 497 kilos de cocaína, en una investigación que se había iniciado varios meses antes y que permitió reconstruir los movimientos de una organización dedicada al narcotráfico que, según los investigadores, intentaba utilizar la infraestructura fluvial y la actividad del comercio exterior para colocar droga en una embarcación con destino internacional.
El episodio adquiere particular relevancia para la actividad portuaria y logística porque no se trató de una operación desarrollada dentro de una terminal portuaria convencional. La maniobra buscaba introducir la carga directamente desde una embarcación menor a un buque comercial, evitando de esa manera que la droga atravesara los circuitos habituales de control de una instalación portuaria.
En la jerga de los investigadores esa modalidad delictiva se conoce como una “contaminación” del buque.
Una operación frustrada en el Paraná
El operativo se desarrolló durante la noche en las inmediaciones de San Nicolás. De acuerdo con la investigación, los efectivos venían siguiendo durante más de siete meses los movimientos de la organización.
La vigilancia permitió detectar una camioneta que se desplazó hasta la costa y posteriormente una embarcación deportiva que tomó parte de la carga.
A partir de ese momento, la Prefectura siguió el desplazamiento de la embarcación mediante distintos recursos de vigilancia y logró establecer que se dirigía hacia un buque granelero fondeado en la zona.
Cuando los ocupantes de la lancha intentaron aproximarse al buque y comenzar a transferir los bultos, intervino personal de la Agrupación Albatros y concretó la detención.
En la embarcación fueron encontrados 210 paquetes, con un peso de aproximadamente 232 kilos de cocaína. Posteriormente, los allanamientos dispuestos por la Justicia permitieron localizar otros 265 kilos, elevando el total incautado a 497 kilos.
Los cuatro detenidos quedaron a disposición de la Justicia Federal y fueron incautados, además, la embarcación utilizada en la operación, un vehículo, teléfonos celulares, un GPS y otros elementos vinculados a la investigación.
Una investigación que comenzó en la costa atlántica
Uno de los aspectos más significativos del procedimiento es el origen de la investigación.
El expediente comenzó en enero de este año, cuando apareció abandonado en la reserva ecológica de Monte Hermoso, sobre la costa atlántica bonaerense, un bolso estanco con 34 kilos de cocaína.
A partir de aquel hallazgo, la Prefectura comenzó a reconstruir movimientos, comunicaciones y conexiones de la organización.
La investigación incorporó escuchas telefónicas, análisis de geolocalización, información de antenas, seguimientos y vigilancias encubiertas en distintos puntos vinculados al corredor del Paraná.
La coincidencia entre los envoltorios encontrados en Monte Hermoso y los secuestrados en el reciente operativo permitió establecer un vínculo entre ambos hechos. Los bolsos presentaban identificaciones similares, lo que constituyó uno de los elementos que permitió avanzar sobre la organización.
La droga encontrada en el río presentaba además marcas particulares, entre ellas un sello con el número 777 y envoltorios con imágenes relacionadas con la expedición Kon-Tiki.
Más allá de esos elementos, el aspecto de mayor interés desde la perspectiva portuaria es la modalidad utilizada: una carga que procura ingresar a un buque de comercio exterior sin pasar por los controles habituales de una terminal.
El riesgo para una vía estratégica
La Hidrovía Paraguay-Paraná constituye una de las principales arterias logísticas de Sudamérica. A través de ella circulan millones de toneladas de productos agrícolas, minerales, combustibles y otras mercancías provenientes de Argentina, Paraguay, Bolivia y Brasil, con conexión hacia el Río de la Plata y el Atlántico.
Esa dimensión comercial convierte a la vía navegable en una infraestructura estratégica, pero también en un corredor que puede ser aprovechado por organizaciones criminales.
La utilización de embarcaciones menores para intentar introducir droga en buques comerciales constituye uno de los riesgos identificados por las autoridades de seguridad de la región.
El problema no afecta únicamente a la seguridad pública. También puede tener consecuencias sobre la cadena logística y sobre la reputación de los puertos y de las empresas que participan del comercio exterior.
Una contaminación de un buque puede derivar en investigaciones, demoras, inspecciones extraordinarias y mayores costos para operadores, terminales, armadores y exportadores.
En ese sentido, los controles sobre las zonas de fondeo y sobre los movimientos de embarcaciones próximas a los buques comerciales adquieren una importancia creciente.
Un antecedente que involucra a Montevideo
El nuevo procedimiento también remite a un antecedente ocurrido en abril de 2025 en el puerto argentino de San Lorenzo.
En aquel caso, la Prefectura detectó más de 460 kilos de cocaína a bordo del buque MV Ceci, de bandera de las Islas Marshall, que había cargado pellets de girasol y tenía como destino final Ámsterdam, con una escala prevista en Montevideo. El procedimiento fue presentado por las autoridades argentinas como uno de los mayores operativos fluviales contra el narcotráfico realizados hasta entonces en la zona.
La investigación posterior incorporó una hipótesis particularmente sensible para la región: un integrante de la tripulación declaró como arrepentido que parte de la droga habría sido cargada desde una embarcación menor en aguas cercanas a Montevideo. La investigación buscó determinar las circunstancias exactas de aquella maniobra y el grado de participación de las personas involucradas.
El antecedente demuestra que la problemática no se limita a un determinado puerto o a una jurisdicción específica. Por el contrario, las organizaciones pueden aprovechar la continuidad geográfica existente entre los distintos tramos de la Hidrovía y el Río de la Plata.
La seguridad como parte de la competitividad logística
La reiteración de estos casos plantea un desafío adicional para los países que integran el sistema de navegación.
La seguridad de la cadena logística ya no puede analizarse únicamente desde los controles dentro de los recintos portuarios. También requiere vigilancia sobre las zonas de fondeo, los accesos, las embarcaciones menores y las áreas próximas a los buques que participan del comercio internacional.
Para las terminales y operadores, además, la prevención adquiere una dimensión económica.
Una operación de narcotráfico descubierta a bordo de un buque puede generar investigaciones judiciales, inmovilización temporal de la nave y controles adicionales, con potenciales impactos sobre los tiempos logísticos y los costos de la operación.
En el caso de las exportaciones, una mayor percepción de riesgo puede traducirse también en mayores exigencias de seguridad y controles por parte de los mercados de destino.
Un problema que trasciende fronteras
La investigación de San Nicolás vuelve a mostrar que el narcotráfico asociado a la Hidrovía es un fenómeno que requiere coordinación entre distintas instituciones y países.
El propio desarrollo del expediente demuestra que una operación puede comenzar con un hecho ocurrido a cientos de kilómetros de distancia y terminar vinculada a movimientos sobre el Paraná.
La naturaleza internacional del comercio marítimo y fluvial agrega complejidad: una carga puede ingresar al circuito logístico en una jurisdicción, ser trasladada por otra y finalmente intentar alcanzar un buque con destino a un tercer país.
Por eso, la cooperación entre autoridades marítimas, aduaneras, policiales y judiciales constituye uno de los principales mecanismos para contener este tipo de organizaciones.
El antecedente argentino de 2025 ya había mostrado la necesidad de reforzar esa coordinación. En aquel procedimiento, la detección de la cocaína involucró a la Prefectura Naval, la Aduana, la Unidad de Información Financiera y el Ministerio Público Fiscal.
El nuevo caso vuelve a colocar esa discusión sobre la mesa.
La Hidrovía seguirá siendo una infraestructura esencial para la competitividad de Argentina, Paraguay, Bolivia, Brasil y Uruguay. Precisamente por la magnitud de los flujos que concentra, su protección frente al crimen organizado será cada vez más un componente inseparable de la seguridad de la cadena logística.
Para el sector portuario, el desafío es doble: garantizar la fluidez del comercio legítimo y, al mismo tiempo, evitar que la infraestructura creada para mover mercaderías legales sea aprovechada por organizaciones criminales.
La operación frustrada en San Nicolás representa, en ese sentido, un nuevo llamado de atención para todo el sistema regional de navegación y puertos.