La política comercial de Estados Unidos volverá a endurecerse a partir de este viernes 24 de julio con la entrada en vigor de una nueva ronda de aranceles impulsada por el presidente Donald Trump, que alcanzaría a las importaciones provenientes de unos 60 socios comerciales, entre ellos Uruguay.
La medida, que sustituye al régimen temporal aplicado desde comienzos de año, establece gravámenes de entre 10% y 12,5% sobre una amplia gama de productos importados y se fundamenta en la presunta falta de acciones suficientes por parte de esos países para impedir el ingreso a sus cadenas comerciales de bienes producidos mediante trabajo forzoso.
La decisión tiene un alcance prácticamente global. Según la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), comprende al 99,4% de las importaciones estadounidenses, afectando a grandes economías como la Unión Europea, China, Japón, India, Canadá, México y Reino Unido, además de una extensa lista de países latinoamericanos, entre ellos Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú, Ecuador, Costa Rica, República Dominicana, Honduras, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Venezuela y Uruguay.
Incertidumbre en Uruguay
Hasta el cierre de esta edición, el gobierno uruguayo no había recibido una notificación oficial sobre la eventual aplicación de un arancel superior al vigente.
Consultado sobre el tema, el ministro de Relaciones Exteriores, Mario Lubetkin, señaló que el Poder Ejecutivo aguardará la comunicación formal antes de realizar una evaluación.
«Primero, tenemos que saber si eso efectivamente va a acontecer, porque tenemos que tener la comunicación formal; segundo, tenemos que entender por qué, porque ni ustedes ni nosotros hemos leído la razón de eso; y tercero, ustedes tienen claro que entre los 54 países ‘teóricamente sancionados’ está desde Chile a Corea del Sur, Israel, Japón, Australia. Vamos a empezar a entender un poquito más de qué se trata, vamos a recibir la comunicación y después evaluemos.»
Las declaraciones del canciller reflejan la cautela con la que el gobierno observa la situación, especialmente considerando que la lista incluye economías desarrolladas con elevados estándares regulatorios y comerciales.
Una nueva herramienta legal
La nueva ofensiva comercial constituye otro capítulo en la estrategia arancelaria impulsada por Trump desde su regreso a la Casa Blanca.
A comienzos de este año, la Corte Suprema estadounidense limitó el uso de poderes de emergencia que habían servido de base para buena parte de los aranceles globales aplicados anteriormente, obligando a la administración a buscar nuevos fundamentos jurídicos.
En esta oportunidad, la Casa Blanca recurrió al Artículo 301 de la Ley de Comercio de 1974, que habilita al Ejecutivo estadounidense a aplicar medidas comerciales frente a prácticas consideradas injustificables o discriminatorias que afecten el comercio de Estados Unidos.
Según explicó el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, la decisión responde a investigaciones que concluyeron que numerosos socios comerciales «no imponen ni hacen cumplir eficazmente la prohibición de importar bienes producidos con trabajo forzado».
Greer sostuvo que la medida constituye «la acción internacional en materia de derechos laborales más trascendental que Estados Unidos haya emprendido jamás», y aseguró que busca corregir prácticas que generan distorsiones comerciales y afectan la competencia internacional.
Dos niveles de aranceles
El nuevo esquema establece dos categorías.
Los países que ya acordaron incorporar y aplicar prohibiciones efectivas sobre la importación de productos elaborados mediante trabajo forzoso enfrentarán un arancel del 10%.
En cambio, aquellos que, según la evaluación estadounidense, todavía no implementaron esas medidas o no las aplican adecuadamente quedarán sujetos al gravamen del 12,5%.
Hasta el momento, Washington sostiene que solamente diez socios comerciales cumplen plenamente con los requisitos exigidos por la nueva política.
Posibles efectos para el comercio uruguayo
Aunque todavía resta conocer si Uruguay integrará el grupo alcanzado por la tasa superior, la eventual aplicación de un arancel de 12,5% podría afectar la competitividad de determinados productos uruguayos en el mercado estadounidense.
Estados Unidos constituye uno de los principales destinos de exportación para diversos bienes agroindustriales uruguayos, incluyendo carne bovina, madera, productos forestales, miel, vinos, cítricos y determinados productos industriales.
Un incremento en los costos de ingreso podría traducirse en menores márgenes para exportadores e importadores, obligando a renegociar precios o buscar mecanismos que permitan preservar la competitividad frente a proveedores de otros mercados.
Para el sistema logístico nacional, cualquier modificación en los flujos comerciales internacionales tiene repercusiones directas sobre la actividad portuaria, el transporte marítimo y la planificación de embarques.
Preocupación internacional
La decisión estadounidense ya genera preocupación entre gobiernos y organizaciones empresariales de distintas regiones.
Diversos países analizan eventuales acciones legales ante organismos internacionales o la adopción de medidas de respuesta comercial, mientras continúan las negociaciones diplomáticas con Washington.
Los economistas también advierten que el incremento de los aranceles terminará repercutiendo sobre los consumidores estadounidenses, ya que los impuestos son abonados por las empresas importadoras, que habitualmente trasladan esos mayores costos a los precios finales.
No obstante, la administración Trump sostiene que la política permitirá fortalecer la industria manufacturera estadounidense, proteger el empleo local y promover condiciones de competencia consideradas más equitativas.
La política comercial seguirá endureciéndose
La Casa Blanca dejó además abierta la posibilidad de nuevas medidas durante los próximos meses.
La Oficina del Representante Comercial mantiene investigaciones abiertas sobre 16 países por supuestos excesos de capacidad productiva y otras prácticas consideradas distorsivas, lo que podría derivar en nuevas rondas de aranceles antes de finalizar el año.
Mientras tanto, Uruguay aguarda la comunicación oficial de Washington para conocer el alcance efectivo de la medida y evaluar sus eventuales consecuencias sobre el comercio bilateral.
En un contexto internacional marcado por crecientes tensiones comerciales, la evolución de esta decisión será seguida de cerca tanto por el sector exportador como por la comunidad logística y portuaria, dada la importancia del mercado estadounidense para varias cadenas productivas nacionales y el impacto que cualquier modificación arancelaria puede tener sobre los flujos de comercio exterior.