La tregua entre Estados Unidos e Irán ha terminado, y los precios del petróleo y sus derivados lo reflejan. Tras la destrucción de al menos ocho petroleros iraníes en la última semana, el tráfico por el estrecho de Ormuz ha quedado estrangulado una vez más, catapultando el precio del barril de brent por encima de los 100 dólares. ¿ Por qué es clave la estabilidad en el Estrecho de Ormuz? Una tercera parte del petróleo que se comercializa por vía marítima y una quinta parte del que se consume en el mundo atraviesa el Estrecho de Ormuz. Si sus aguas se convierten en una zona de paso insegura, los precios del petróleo suben casi de forma automática.
Ante el agotamiento de las reservas estadounidenses, el aumento de la demanda china y las drásticas subidas en los precios de los derivados del petróleo, los analistas y los inversores trasladan el foco a segmentos como el refino, donde los cuellos de botella han disparado los márgenes y las ganancias de empresas como Repsol y las estadounidenses Marathon Petroleum, Valero y Phillips 66. Las petroleras son de hecho las compañías que lideran las alzas en lo que va de año tanto en el S&P 500 como en el europeo Stoxx 600, con repuntes que superan el 100% en las compañías de EE UU.
Con el conflicto en su séptimo mes y sin salida clara, el sector petrolero y los analistas asumen que la disrupción en el mercado energético se prolongará, lo que abona el terreno para la continuidad de las ganancias de las petroleras y de su subida en Bolsa. La previsión para las compañías energéticas es que dupliquen este año sus beneficios. “Un cierre prolongado o una escalada del conflicto podrían llevar los precios en el tramo corto por encima de los 110 dólares por barril, un umbral a partir del cual el mercado se ha mostrado históricamente mucho más sensible a los movimientos del crudo”, declara Elise Backman, gestora de carteras de materias primas en Wellington Management
La desviación de flujos saudíes por el oleoducto este-oeste hacia el mar Rojo ha amortiguado en parte el shock por el bloqueo de Ormuz, pero incluso esa alternativa se está viendo afectada en las últimas semanas. Ejemplo de esto es que la refinería saudí de Jazan, con capacidad de 400.000 barriles diarios, tuvo que cerrar en julio a causa de un ataque y sus instalaciones volvieron a ser blanco de los hutíes esta semana.
Así, Morgan Stanley prevé que la recuperación total del suministro en Oriente Próximo se extenderá hasta bien entrado 2027, adelantando que el precio promedio del brent se mantendrá en torno al 100 dólares por barril en el cuarto trimestre de 2026. Goldman Sachs, por su parte, elevó esta semana su pronóstico a 85 dólares para el último trimestre, aunque alertó de que el barril podría superar los 120 dólares si aumentan los ataques en el estrecho de Ormuz. UBS ha elevado su previsión para el brent hasta los 95 dólares para fin de año y los 90 para marzo de 2027 (desde 85 y 80), unos niveles que adelantan mayor tensión en el mercado.
Además, los analistas también resaltan que los márgenes de refino (crack spreads en inglés) son otro factor que tensiona el mercado energético, en beneficio del negocio de las petroleras. La diferencia de precio entre el crudo y sus derivados, como el diésel o la gasolina, se ha disparado a niveles récord, superando los registrados durante la crisis energética de 2022.
Para Norbert Rücker, director de Investigación Económica y Next Generation de Julius Baer, los productos petrolíferos han sido “el epicentro” de la crisis derivada de la guerra de Irán desde sus inicios. “Dadas estas condiciones de mercado tan rentables, es probable que algunas refinerías pospongan ciertas labores de mantenimiento”, responde Rücker.
Goldman Sachs y Bank of America coinciden en que la situación geopolítica ha amplificado la escasez estructural de refino, con los ataques a refinerías en Oriente Medio y Rusia llevando los márgenes a nuevos máximos. “El diésel se mantiene en el centro del repunte, representando más del 40% del incremento de 40 dólares por barril en los precios mayoristas promedio de los productos refinados globales desde febrero. Los márgenes de refino de referencia en Europa se sitúan actualmente por encima de los 40 dólares por barril, frente a un promedio de mitad de ciclo de aproximadamente siete dólares por barril”, expresan en un informe publicado esta semana.
Kerstin Hottner, responsable de materias primas de Vontobel, insiste en que los ganadores del momento actual son los refinadores, ya que disfrutan de márgenes récord en el procesamiento de crudo. De hecho, el lobby petrolero de Estados Unidos está disparando sus ganancias con la guerra contra Irán.
Los cinco mayores nombres del sector energético en EE UU obtuvieron un beneficio de 65.500 millones de dólares (56.000 millones de euros) en el primer semestre del año, un 65% más que en el mismo período de 2025. La segunda mayor de ellas, Chevron, casi cuadruplicó sus ganancias. Y las compañías petroleras que más suben este año en Bolsa, con repuntes de más del 100%, son las estadounidenses Valero, Marathon Petroleum y Phillips 66, dedicadas precisamente al negocio del downstream. Es decir, a la compra de crudo para su refinado y venta como combustible.
Según el think tank Atlantic Council todas estas empresas ya se han beneficiado y se continuarán beneficiando del margen de refino del diésel. Marathon Petroleum, Valero y Phillips 66 obtuvieron en conjunto 12.600 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026 gracias a los márgenes de esta actividad y devolvieron 6.300 millones de dólares en dividendos y recompras solo en el segundo trimestre, el mayor importe en más de dos años. Asimismo, el analista de TD Cowen, Jason Gabelman, calcula que Valero y Marathon recomprarán en torno al 20% de su capitalización de aquí a finales de 2027. Por su parte, ExxonMobil distribuyó 9.400 millones (4.300 en dividendos y 5.100 en recompras) sobre un flujo de caja libre de 17.200 millones en el trimestre.
En cuanto a las petroleras europeas, Goldman Sachs destaca que refinadoras como la finlandesa Neste y las griegas Helleniq y Motor Oil están bien posicionadas para beneficiarse de unos márgenes de diésel más elevados, y eleva los precios objetivos en Bolsa. Barclays, por su lado, reitera su recomendación de sobreponderar Repsol, con un precio objetivo de 32 euros, al considerar que “el mercado infravalora la fortaleza y flexibilidad del sistema de refino” de la española. Además, la entidad británica además subraya que Repsol destinará entre el 30% y el 40% de su flujo de caja a la retribución al accionista.
A inicios de agosto, Goldman Sachs ya había destacado que el flujo de caja libre en el sector durante el segundo trimestre de 2026 se situó un 26% por encima de las expectativas (39.600 millones de dólares frente a los 31.400 millones previstos). En un informe, expresaron que las compañías con mayor exposición al refino y al combustible para aviones contaban con mayor potencial alcista para 2026, resaltando a Repsol, Galp y Shell.
Asimismo, anticiparon retornos de efectivo superiores para los accionistas de Eni y Repsol, con potencial alcista para Shell, Total Energies y Galp. Sobre las petroleras europeas se cierne en todo caso la amenaza de una tasa con la que crear un fondo europeo para hacer frente a los riesgos climáticos tras la sequía y los graves incendios forestales, de acuerdo a la propuesta que ha trasladado España a Bruselas y a la que también se han sumado Alemania, Italia, Austria, Polonia y Portugal. Una propuesta que de momento no ha tenido efecto sobre las cotizaciones bursátiles.
Trump, las ‘Big Oil’ y Venezuela
El acuerdo anunciado por Trump para el control estadounidense del 21% de las reservas probadas de Venezuela posiciona a Chevron como un jugador clave, siendo la única de las Big Oil estadounidenses (Exxon, ConocoPhillips, EOG Resources, Occidental Petroleum y la citada Chevon) que ha comunicado que participará de forma clara en la operación. Según Goldman Sachs, Chevron —que ya opera en el mercado venezolano— aspira a sumar 0,3 millones de barriles diarios hacia 2031, respaldados con una inversión anunciada de 7.000 millones de dólares en cinco años, la mayor de una petrolera estadounidense en el país este año.
La italiana Eni y la petrolera estatal india ONGC también participarán de la explotación petrolera, mientras que las británicas Shell y BP, y la española Repsol también prevé participar de la explotación de los recursos naturales, aunque por el momento no hay detalles sobre la situación.
No obstante, Goldman Sachs descarta que el país sudamericano sea capaz de recuperar los más de 2 millones de barriles diarios previos a 2018 en los próximos años, principalmente por el deterioro de su infraestructura y su red eléctrica poco fiable (en julio producía 1,1 millones). La consultora Rystad Energy es todavía más tajante: calcula que Venezuela no recuperará su máximo histórico de producción hasta 2050 y que haría falta una inversión de 85.000 millones de dólares.
Desde Julius Baer, comparten este análisis. “La mayoría de las compañías petroleras siguen mostrándose reticentes a invertir en Venezuela, y con razón: el país necesita grandes inversiones en infraestructura para aumentar el suministro de petróleo de manera sostenible”, explica Norbert Rücker.
Venezuela es la última y aún incierta promesa de Donald Trump a la poderosa industria petrolera de su país y mientras se materializa, la tensión bélica desatada desde la Casa Blanca seguirá dando alegrías a un sector que a nivel global se ve cercado por el auge de la energía renovable pero que ha encontrado en el bloqueo de Ormuz una inesperada fuente de beneficios.